Queridos todos, todas y todes. 😂
Vamos a hablar de una palabrita que tiene tela.
NO.
Dos letras. Una sola sílaba. Y a algunas personas les cuesta más decirla que aprender chino mandarín.
Cuando el sí se te escapa sin querer
A ver, que nos conocemos.
Te llama alguien para pedirte un favor y tú estás hasta arriba de cosas. No tienes tiempo. No te apetece. O, sencillamente, no quieres hacerlo.
Pero va esa vocecita y empieza:
«Bueno, venga, tampoco me cuesta tanto…»
«Es que, si le digo que no, se va a enfadar».
«¿Y si piensa que soy una egoísta?»
«Total, por un ratito más…»
Y tú, que hace cinco minutos tenías clarísimo que NO, acabas diciendo:
—Sí, mujer, no te preocupes. Yo me encargo.
¿Te suena?
Y ahora viene lo bueno. Después de decir que sí, te pasas el día pensando que no tendrías que haberlo hecho. Te enfadas contigo. Te agobias. Vas haciendo lo que te comprometiste a hacer con una cara que no te aguantas ni tú.
Y encima, si alguien te pregunta qué te pasa, respondes:
—Nada, estoy bien.
¡Claro que sí, corazón! ¡Y yo soy la reina de Inglaterra! 😂
¿Por qué cuesta tanto decir que no cuando sabes que quieres decir que no?
Pero vamos a ver, alma de cántaro…
Quizá necesitas gustarle a todo el mundo.
Quizá quieres que los demás te vean como una buena persona.
Quizá te da miedo decepcionar a alguien.
O quizá confundes ayudar con estar siempre disponible.
Y puede que, en el fondo, tengas miedo de que alguien deje de quererte si dejas de hacer lo que espera de ti.
Vamos a detenernos aquí un momento.
¿Tú ayudas porque realmente quieres ayudar o porque te sientes culpable si no lo haces?
Porque no es lo mismo.
Una cosa es hacer algo por alguien porque te nace, porque quieres y porque puedes. Y otra muy distinta es hacerlo por miedo a que se enfade, deje de quererte o piense mal de ti.
En el primer caso, estás eligiendo. En el segundo, estás dejando tus propias necesidades para el final.
Y no, aprender a decir que NO no significa que tengas que convertirte en una persona fría, distante o que no mueve un dedo por nadie. ¡Faltaría más!
Significa que puedes querer a los demás sin olvidarte de ti. Que puedes ayudar sin estar disponible las veinticuatro horas del día. Que puedes decir «hoy no puedo» sin escribir una tesis doctoral explicando tus motivos.
Y que alguien se decepcione porque no haces lo que esperaba de ti no significa automáticamente que hayas hecho algo malo. Léete esto otra vez, que tiene su importancia.
No puedes controlar lo que los demás piensan de ti ni conseguir que todo el mundo esté contento con tus decisiones. Pero sí puedes empezar a tomar decisiones teniendo en cuenta lo que tú necesitas y quieres.
Qué puedes hacer la próxima vez que quieras decir que no
La próxima vez que alguien te pida algo y no tengas claro si quieres decir que sí, no contestes inmediatamente.
Date un momento. Respira. Y pregúntate:
«Si no tuviera miedo de que esta persona se enfadara o pensara mal de mí, ¿qué respondería?»
Escucha tu respuesta antes de contestar.
No tienes que hacerlo perfecto. Tampoco tienes que empezar diciendo que NO a todo el mundo. Empieza por algo mucho más sencillo: deja de responder automáticamente y date permiso para decidir.
Y si la respuesta es que no quieres o no puedes, puedes decir algo tan sencillo como:
«Hoy no me viene bien».
«Esta vez no voy a poder».
«Gracias por pensar en mí, pero no».
Sin excusas interminables. Sin inventarte una enfermedad. Sin necesitar que la otra persona te dé permiso para decidir sobre tu tiempo.
¿Que al principio te sientes culpable? Respira.
Sentir culpa no significa necesariamente que estés haciendo algo malo. Puede que simplemente estés aprendiendo a actuar de una manera diferente a la que estás acostumbrada. Y eso requiere práctica.
Ahora te toca a ti
Quiero que pienses en esa última vez que dijiste que sí cuando en realidad querías decir que no.
¿Qué te hizo decir que sí? ¿El miedo a decepcionar a esa persona? ¿La necesidad de que te viera como alguien buena y dispuesta a ayudar? ¿O simplemente no soportabas la idea de que se enfadara contigo?
¿Qué te cuesta más: decir que no o soportar lo que imaginas que la otra persona va a pensar de ti cuando lo digas?
Cuéntamelo, leo cada correo y cada WhatsApp. Porque este Café del Domingo va de eso: de parar un momento, mirar lo que te pasa y empezar a hacerte preguntas que quizá llevas demasiado tiempo evitando.
Nos leemos el miércoles con un nuevo artículo.
Y recuerda: puedes querer muchísimo a los demás sin tener que decir que sí a todo.
Tú también cuentas. ❤️☕