Te voy a hacer una pregunta.
¿Tú te quieres?
Y seguramente estés pensando: «Pues claro, Lola».
Vale. Ahora vamos con otra.
¿Te tratas como tratarías a alguien a quien quieres muchísimo?
Ahí ya la cosa cambia, ¿verdad?
Porque una cosa es decir «me quiero» y otra muy distinta es demostrarlo con lo que haces cada día. Puedes quererte y seguir diciendo que sí cuando quieres decir que no. Ponerte la última. Hablarte de una manera que jamás permitirías que otra persona utilizara contigo.
Y entonces… ¿de qué estamos hablando?
Porque nos han vendido una idea del amor propio que, a veces, tiene más que ver con consumir que con querernos. Y no me vengas con que tú te quieres mucho porque te compras una crema de 90 euros, te vas un fin de semana a un hotelito y el domingo te tomas un vinito con tus amigas. Que sí, que todo eso está fenomenal. Pero eso no es necesariamente amor propio.
Puedes hacer todo eso y seguir sin saber poner un límite. Irte a un hotelazo y sentirte culpable por descansar. Comprarte la crema más cara del mercado y seguir hablándote como si fueras tu peor enemiga. O tomarte ese vinito con tus amigas y, cuando llegues a casa, volver a hacer lo que no quieres hacer para que nadie se enfade.
Porque el amor propio no está únicamente en lo que haces para sentirte bien durante un rato. Está también en cómo te tratas, cómo te respetas y cómo te eliges cuando nadie está mirando. Y ahí empieza el amor propio de verdad.
¿Qué es realmente el amor propio?
Para mí, el amor propio empieza cuando dejas de abandonarte.
Así de sencillo. Y así de complicado.
Es reconocer que tienes necesidades y empezar a tenerlas en cuenta. Saber qué quieres y qué no quieres. Respetar tus límites, aprender a decir NO sin sentir que eres una mala persona y dejar de necesitar la aprobación de todo el mundo para sentir que estás haciendo las cosas bien.
Es reconocer tus fortalezas, permitirte descansar, pedir ayuda cuando la necesitas y cuidar cómo te hablas.
Y, sobre todo, es tomar decisiones teniendo en cuenta lo que tú quieres, no solamente lo que los demás esperan de ti.
Es algo tan sencillo —y tan difícil— como preguntarte: ¿qué necesito yo? Y escuchar la respuesta.
¿Qué no es amor propio?
Amor propio no es hacer siempre lo que te apetece, pensar que eres mejor que los demás, no aceptar nunca una crítica o dejar de cuidar a las personas que quieres.
Tampoco es convertir cada necesidad tuya en una prioridad absoluta.
Eso no es amor propio. Eso es egoísmo, y hay una gran diferencia.
Quererte no significa que el mundo tenga que girar alrededor de ti. Significa que tú también formas parte de tu propia vida. Y esto, aunque parezca obvio, se te puede olvidar muchísimo.
¿Autocuidado y amor propio son lo mismo?
No exactamente.
El autocuidado puede formar parte del amor propio, por supuesto. Descansar, comer bien, salir a caminar, darte un masaje, tomarte un café tranquilamente o comprarte esa crema que te encanta. Todo eso puede ser maravilloso.
Pero puedes cuidarte por fuera y seguir machacándote por dentro. Tener una rutina estupenda y no ser capaz de decirle NO a nadie.
Por eso, para mí, la pregunta importante no es «¿cuánto me cuido?». Sino: «¿cuánto me respeto?»
Ahí cambia la película. Y mucho.
10 señales de que quizá necesitas trabajar tu amor propio
No hace falta que te odies ni que tengas la autoestima por los suelos. A veces, la falta de amor propio aparece de maneras mucho más silenciosas.
- Te cuesta muchísimo decir que no. Dices que sí y, cuando cuelgas el teléfono, piensas: «¿Pero para qué he dicho que sí?». Pues eso.
- Te sientes culpable cuando haces algo por ti. Te vas una tarde sola y parece que has cometido un delito.
- Necesitas la aprobación de los demás. Si dudas de tus decisiones, llamas a tu madre, a tu amiga o a tu prima de Cuenca para contarle lo que has hecho y asegurarte de que estás haciendo lo correcto. Y entonces te quedas tranquila. Hasta la próxima decisión. 😂
- Te comparas continuamente. Y, casualmente, siempre sales perdiendo tú.
- Te cuesta reconocer tus logros. Todo lo que haces bien parece normal. Lo que haces mal, en cambio, tiene hasta un documental grabado a punto de estrenar.
- Te hablas fatal. «Soy tonta». «Soy un desastre». «No hago nada bien». Y lo dices con una facilidad que jamás utilizarías con alguien a quien quieres.
- Te adaptas demasiado a los demás. Cambias tus planes, tus opiniones y tus necesidades con tal de que todo esté bien. ¿Y tú? ¿Estás bien?
- Te cuesta poner límites. Y cuando por fin los pones, te pasas tres días pensando si habrás sido demasiado dura.
- Siempre encuentras tiempo para los demás. Pero para ti… eso ya es otra historia. Ya si eso, el mes que viene.
- Sabes perfectamente qué necesitan todos menos tú. Quizá llevas tanto tiempo pendiente de los demás que has dejado de preguntarte qué quieres tú.
¿Te reconoces en alguna? No se trata de ponerte una etiqueta. Se trata de darte cuenta de dónde estás para poder decidir qué quieres cambiar.
¿Por qué te cuesta tanto quererte?
A lo largo de tu vida quizá has aprendido a ser buena persona, a cumplir, a agradar, a cuidar, a no molestar, a hacerlo todo bien y a estar siempre disponible.
Y muchas veces nadie te enseñó algo tan básico como esto: tú también importas.
Así que llegas a la edad adulta sabiendo perfectamente cómo cuidar de los demás y bastante menos cómo cuidarte a ti misma.
Y no, no estoy diciendo que tengas que culpar a nadie. Llega un momento en el que necesitas coger las riendas de tu vida y decidir qué quieres seguir haciendo y qué ya no quieres mantener.
Quizá no elegiste todo lo que aprendiste, pero sí puedes decidir qué quieres seguir haciendo a partir de ahora.
¿Cómo empezar a cultivar el amor propio?
No necesitas convertirte mañana en una mujer completamente segura, poner veinte límites y levantarte a las cinco de la mañana para meditar mirando al amanecer. Aunque, si te funciona, estupendo. 😂
Empieza paso a paso.
1. Pregúntate qué necesitas
Hazte esta pregunta todos los días: ¿qué necesito yo hoy?
No respondas automáticamente lo que necesitan tus hijos, tu pareja, tu madre o tu trabajo. Tú, ¿qué necesitas tú?
Quizá descansar, estar un rato a solas, pedir ayuda, decir que no o, sencillamente, parar. Empieza por escucharte.
2. Aprende a decir NO
Esto merece un artículo entero y seguramente lo tendrá. 😂
No tienes que justificarte durante veinte minutos, inventarte una excusa ni conseguir que la otra persona esté de acuerdo contigo.
A veces, con un «no me viene bien» es suficiente.
¿Que cuesta? Normal. La buena noticia es que, practicando, se consigue. ¡De nada, queride! 😉
3. Observa cómo te hablas
Durante esta semana, cada vez que te descubras diciéndote «qué tonta soy», «no hago nada bien» o «soy un desastre», párate. Y pregúntate: ¿le hablaría así a alguien a quien quiero, o dejaría que alguien me hablase así?
Si la respuesta es no, ¿por qué te hablas así a ti?
No se trata de repetirte que eres maravillosa cada cinco minutos si no te lo crees. Se trata de empezar a hablarte con respeto.
4. Reconoce lo que haces bien
Quizá estés tan acostumbrada a detectar tus errores que tus logros pasan sin pena ni gloria.
Así que coge una libreta y escribe diez cosas que haces bien. No tienen que ser grandes: escuchar, tener sentido del humor, ser resolutiva, haber superado situaciones difíciles o tener capacidad para aprender. ¡Lo que sea!
Y si te cuesta encontrar diez, pregunta a tres personas que te conozcan bien. Puede que descubras cosas que tú ya ni ves.
5. Empieza a cumplir pequeñas promesas contigo
Si todos los días te dices «mañana voy a hacer esto» y nunca lo haces, poco a poco empiezas a desconfiar de ti.
No necesitas grandes objetivos. Prométete algo pequeño y cúmplelo: salir a caminar, leer diez páginas, apagar el móvil durante media hora, descansar o decir que no a algo.
Porque cada vez que cumples una pequeña promesa contigo, estás diciéndote: «puedes confiar en mí». Y eso también es amor propio.
Un ejercicio para empezar hoy
No mañana. Hoy.
Coge papel y boli y responde a estas tres preguntas:
- ¿Qué necesito y llevo tiempo dejando para después?
- ¿Qué estoy haciendo por obligación cuando en realidad quiero decir que no?
- ¿Qué pequeña cosa puedo hacer esta semana para tenerme más en cuenta?
No hace falta que cambies tu vida entera mañana. Empieza por una cosa y hazla.
Que pensar está muy bien, pero si quieres que algo cambie, en algún momento tienes que moverte. 😉