Mis queridos lectores.
Hoy quiero hablaros de algo que parece muy sencillo, pero que, si nos paramos a pensarlo, no hacemos tan bien como creemos: escuchar.
Y no me refiero a oír lo que alguien te está contando mientras miras el móvil, haces otra cosa o estás pensando en lo que vas a responder cuando termine de hablar.
Me refiero a escuchar de verdad.
Porque no hay nada más preciado, ni una muestra de respeto mayor, que escuchar con atención y con todos los sentidos a la persona que tienes enfrente.
Y, sin embargo, ¡qué poco lo hacemos a veces!
¿Escuchas o esperas tu turno?
A ver, que nos conocemos.
¿Cuántas veces alguien empieza a contarte algo y, antes de que termine, ya estás pensando en una experiencia tuya que tiene que ver con lo que te está diciendo?
O empiezas a preparar una respuesta.
O le interrumpes porque crees que ya sabes lo que va a decir.
O, directamente, aprovechas cualquier pausa para contarle lo que tú piensas sobre el asunto.
Y lo curioso es que muchas veces lo hacemos con la mejor intención del mundo.
Queremos ayudar, aportar nuestra opinión, contarle que a nosotros también nos ha pasado…
Pero ¿y si lo que esa persona necesita en ese momento no es ninguna de esas cosas?
¿Y si sencillamente necesita que la escuches?
Porque escuchar no es esperar a que el otro termine para poder hablar tú.
Es prestar atención a sus palabras, a sus gestos, a sus silencios, a su expresión.
Es mirar a la persona que tienes delante y estar ahí, de verdad.
Sin mirar cada dos minutos el teléfono.
Sin estar repasando mentalmente lo que tienes que hacer después.
Sin buscar rápidamente una solución a lo que te está contando.
Y ojo, que no siempre tenemos que estar de acuerdo con lo que escuchamos. Tampoco tenemos que compartir la opinión de la otra persona.
Pero podemos escucharla sin interrumpirla, sin juzgarla antes de tiempo y sin convertir cada conversación en un debate en el que alguien tiene que tener razón.
No siempre necesitamos consejos
Te voy a poner un ejemplo.
Imagina que alguien cercano te cuenta que está pasando por un momento complicado.
Empieza a hablarte, te explica cómo se siente y, antes de que termine, tú ya le estás diciendo lo que debería hacer.
«Pues yo en tu lugar…».
«Lo que tienes que hacer es…». Spoiler: jamás digas a alguien lo que tiene que hacer.
«No le des tantas vueltas».
¿Te suena?
Y quizá lo que esa persona necesitaba era terminar de contártelo, sentirse comprendida o simplemente tener un espacio donde poder expresarse sin que nadie le dijera lo que tenía que hacer.
Porque no siempre necesitamos consejos. A veces necesitamos sentir que alguien está ahí, que nos presta atención y que lo que estamos compartiendo tiene un lugar.
Escuchar también es cuidar
Y aquí quiero hacerte otra pregunta.
¿Cuándo fue la última vez que alguien te escuchó de tal manera que sentiste que no tenías que explicar nada más para que te comprendiera?
Es una sensación que tiene mucho valor, ¿verdad?
Pues piensa también en la otra parte.
¿Cuándo fue la última vez que tú ofreciste esa atención a alguien?
No a medias.
No mientras hacías otras tres cosas.
No esperando tu turno para hablar.
Sino estando presente, con todos tus sentidos puestos en esa persona.
Porque escuchar también es una forma de cuidar las relaciones que tenemos, de mostrar interés y de hacerle saber al otro que, durante ese rato, tiene toda nuestra atención.
Y no hace falta tener grandes conversaciones ni encontrar las palabras perfectas.
A veces basta con mirar, escuchar y dejar que la otra persona termine.
Una pequeña propuesta
Así que hoy te dejo una pequeña propuesta.
La próxima vez que alguien quiera contarte algo, prueba a escuchar sin interrumpir, sin anticiparte y sin preparar tu respuesta.
Escucha primero.
Después, si te pide tu opinión, se la das. Y si necesita un consejo, ya habrá espacio para hablar de ello.
Pero regálale antes algo que no siempre es fácil encontrar: tu atención de verdad.
Y ahora quiero saber tu opinión:
¿Tú te sientes escuchad@ cuando hablas con los demás? ¿Y crees que sabes escuchar de verdad a las personas que tienes delante?
Te leo. ❤️
Porque este Café del Domingo también va de aprender a relacionarnos mejor, y quizá hoy podamos empezar por algo tan sencillo —y tan importante— como escuchar.
Nos leemos el miércoles. ☕